divendres, 18 de novembre de 2011

Mi inseminación (23): El mundo "single" no está hecho para mí

Reflexionas. Piensas en tus últimos acontecimientos. Ordenas las ideas. Llegas a conclusiones. Últimamente sólo oyes hablar de los “singles”. Todo está encarado a los solteros. Viajes, páginas de contacto, reuniones, grupos de amigos. Hay un mundo aparte y específico sólo para singles. Pero siempre con el maldito Internet por el medio. Es como un mundo fantasma, que quizás a mucha gente le funciona, pero que a ti no te atrae nada, porque tú aún crees en el poder de la mirada, en las casualidades y el destino. Si etiquetan de idealista, que lo hagan, pero es así. Tú no quieres el mundo de Internet, ni de los viajes a países exóticos para ligar. Tú quieres el "túa a tú" en un mundo donde predomina el individualismo, donde la mayoría de gente de treinta y pico ya está de vuelta de todo, cansada de todo, donde sólo se preocupa por la satisfacción momentánea, sin tener en cuenta las conseqüèncias. Complicado.
No sabes ni por donde has tirado. Tú sólo querías una vida normal, tranquila: estudiar, trabajar, casarte y tener un par de hijos; un resumen en pocas palabras que se ha ido desdibujando al lo largo del tiempo. Es esto lo que nos habían dicho de pequeños, ¿no? A mí me hablaron del Príncipe Azul. Lo que no me imaginaba es que el príncipe había desaparecido con la rana, había huido para no volver jamás. Quizás a este príncipe no le gustaba este mundo, ni estas chicas.
Pero, ¿no era yo de la generación que podíamos con todo, que lo podíamos tener todo sin grandes esfuerzos? ¿Qué nos ha pasado a mí, a mis amigos que lo teníamos todo, o loo podíamos haber tenido todo, y hemos acabado sintiendo soledad incluso estando acompañados? Porque no hay nada peor que estar con alguien y sentirte solo, esto es la soledad elevada al máximo exponente. Y es la exigencia al máximp exponente ser mujer de treinta y tantos. Se nos exige que seamos mujeres actuales, pero con el peso de valores del pasado. Tenemos que ser madres, tenemos que trabajar cuarenta horas semanales y, normalmente, el peso de la casa, más del 50% en caso de parejas, cae sobre nosotras. Tenemos que ser casi perfectas. La “Supermujer”, perfecta, sin un quilo de más, porque tenemos que tener un cuerpo perfecto, y un cutis perfecto, y vestir de manera perfecta. Porque esto es lo que continuamente nos está machacando la publicidad y los medios de comunicación. Tenemos que poder con todo, incluso con la celulitis, como si no tuviésemos suficiente trabajo.
A veces me pregunto cómo millones de personas salen a la calle para celebrar la victoria del Barça, aunque estemos en tiempos de crisis, y somos incapaces de salir a la calle para reivindicar o hacer saber nuestra opinión sobre determinados asuntos. No he visto nunca una convocatoria de mujeres diciendo basta a la publicidad y a todo tipo de mensajes que nos llegan por los medios de comunicación, que penetran en la sociedad y al largo de los tiempos se dan por hecho. Cuando veo anuncios de madres con bebés casi recién nacidos jovencísimas y delgadísimas, me revoluciono. La realidad no es esta; la realidad es que a las mujeres después de parir nos cuesta recuperar la figura y, aparte, van cansadas. Estar perfectas forma parte de algunas famosas privilegiadas que a base de mucho dinero para masajes y cirugía recuperan sus figuras.
Tampoco nos quejamos con contundencia de los mensajes sexistas, tanto en mujeres como en hombres. No entro en discutir que no nos quejamos de otras cosas, a veces mucho más graves.

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