dijous, 10 de novembre de 2011

Mi inseminación (18): ¡Ya tenemos 30!

Y así iban pasando los años y, entre carrera, máster y postgrado, la lista de amantes y amigos nacionales e internacionales iba en aumento y, sin saber como, estabas en los 30 y más o menos te habías colocado profesionalmente. Y, de repente, giras los 30 y te das cuenta de que se te acumulan las despedidas de soltera, lo que quiere decir que se te comienzan a acumular las bodas y que parte del sueldo lo tienes que destinar a vestidos, zapatos y regalos de boda. Y que, en el fondo, comienzas a envidiar este estado, porque ya lo comienzas a tener todo en la vida, excepto esto. Y piensas:
- ¡Qué romántico si en alguna de estas bodas conociera al hombre de mi vida! – lo pienas casi mirando la luna y las estrellas...
Y, mira, ya vas a la boda de otra manera, más alegre, con un objetivo: ligar, pero con el que será tu futuro marido, porque las bodas no es como ir a la discoteca; tienen eso especial que hace que los "ligues" sean especiales. Aparentemente...
Porque una también quiere pasar por la iglesia, aunque no crea en Dios, y llevar un vestido precioso de princesa, aunque ni siquiera haya hecho la comunión, y ser el centro de atención, y reunir quinientos invitados, aunque algunos ni los conozcas, y preparar la boda, y tener muchas preocupaciones, y sólo tener la boca como tema, y tener una luna de miel, y viajar a un país exótico.
Porque algunas de tus amigas lo han hecho, y tu no quieres ser menos porque, aunque estén divorciadas, ellas te dicen que este día es el mejor de tu vida, porque eres el centro de atención y todo el mundo está por ti. Que se tiene que pasar, por narices. Todo el mundo te mira el día de la boda, y una, la protagonista, sale en las fotos con los ojos brillantes y el cutis radiante. Parece que sea porque está enamoradísima de su marido, pero no, no es esto... aparte del maquillaje, que siempre ayuda, es porque te sientes la mujer más importante del mundo, al menos por un día, como una de aquellas de las revistas del corazón, siempre rodeada de paparazzis, revistas que siempre decimos que no leemos pero que leemos a escondidas.

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