dimecres, 30 de novembre de 2011

Regreso a Gracia

Diecisiete años hacía que no venía a Barcelona... Diecisiete años... La edad que tenía Tomàs...
Cuando llegué a la estación de Sants me temblaban las piernas. ¡Qué cambio! ¡No la reconocía nada! Volví a entrar a la estación, para coger el metro, la línea verde, destino: Fontana. ¿Me faltaba el aire?
- Tranquila -me iba diciendo-, sólo falta que tengas un ataque de ansiedad y montes un espectáculo; tantos años de terapia te tienen que haber servido de algo.
Este tipo de bronca últimamente tenía bastante efecto en mí. Así que continué el camino, intentando no pensar mucho.
Y llegué a Fontana. Y las piernas me volvieron a temblar. Cuando salí de la estación, hubo un estallido de sensaciones: todo había cambiado, pero era mi barrio. Lo notaba, lo sentía. El corazón me latía tan rápido que creía que no lo soportaría. Andaba decidida hasta la plaza del Diamante, y empecé a llorar: lloraba por la vida y por la muerte, y por todo lo que sentía en aquellos momentos. Mi infancia me venía a la cabeza como en una película, mis padres, mis abuelos, los tíos, los primos... ¡qué feliz había sido! Mi juventud, mi primer beso, la boda, el incendio...
- ¿Maria, eres tú? –dijo una conocida voz-. No puede ser... Dios mío...
Nos abrazamos. Era a Ramona, mi amiga de toda la vida, hasta el maldito incendio, el incendio que se llevó a mi marido... y a mi hijo, mi querido hijo Tomàs. Aquel mismo día decidí abandonar el barrio. Unos familiares se encargaron de todo.
Estuvimos hablando toda la tarde en una cafetería. Después fuimos a ver a vecinos y amigos de siempre, que todavía vivían en el barrio, paseando por las bonitas calles... Ni una lágrima me volvió a caer.
Y así como hacía diecisiete años me había ido por piernas de mi barrio de siempre hacia un pueblo donde nunca me había adaptado ni nunca me adaptaría, aquella tarde decidí que volvería a Gràcia, a mi barrio de toda la vida, del cual noté que todavía  formaba parte, y que pasaría entre sus calles y su gente el resto de mi vida... feliz.

dimarts, 29 de novembre de 2011

Mi inseminación (27): Amargadas, envidiosas, alienígenas...

A la mañana siguiente te despiertes con una energía inusual. Te has sacado de encima un gran peso, una gran losa, una espina clavada que no te hacía ser tú misma. Quieres ser tú, y te encuentras muy valiente para hacer lo que siempre has querido. Quieres ser madre, hace tiempo que lo sabes y hace demasiado tiempo que te imaginas cómo sería el momento de ir a una clínica de reproducción humana.
Lo comentas con un par de personas, a pesar de que lo tienes claro, pero quieres reacciones, opiniones, ver la respuesta de la gente; personas escogidas deliberadamente: la que ya no está a tiempo de ser madre y se  arrepiente, y te dice:
- Adelante, no acabes como yo - no sin cierto resentimiento, lo notas en los ojos, en la mirada.
Y la que está a tiempo de hacerlo pero que se cree superior a ti y te dice que ella quiere un método natural (¿que quizás no es natural una inseminación? ¿que quizás cree que se trata de cosas de alienígenas?) y que ella todavía espera un hombre guapo, con dinero (sobre todo, esto que no falte) y que le dé un hijo.
- Yo nunca adoptaría - te suelta la tarambana-. Porque, está claro, un hijo adoptado no trae tu sangre, ni tus genes. (Aquí té la miras, pensando que sería un bien que no trajera sus genes).

¿Dónde queda el educar este hijo, quererle, verle crecer, hacerle feliz, totalmente al margen de la biología? ¿Cómo es que hay gente que es tan sumamente ignorante?). Tú te la quedas mirando y piensas:
- Hago bien. Veo en tus ojos ciertos celos, cierta envidia, cierta falta de valentía de mirar por ti.
Y añades en tu pensamiento:
- Si el hombre guapísimo y perfectísimo que esperas encontrar busca lo mismo que tú, la perfección, lo tienes claro... – de hecho, no recuerdas exactamente si lo pensaste o lo dijiste y te quedaste tan ancha...¿Cómo es que las personas más imperfectas en todos los aspectos son las que más exigencias tienen hacia los otros, y las personas más humildes e inteligentes son mucho menos exigentes y superficiales? Supongo que debe de ser por eso, por su inteligencia. La inteligencia te hace pensar, te hace ir más allá, tener perspectiva de futuro.
Tener un hijo va más allá de pensar en cuando es un bebé monísimo que duerme y come. Tener un hijo es educar a una persona que está en tus manos, hacerle ir por el camino que uno considera el adecuado, darle afecto e intentar hacerlo lo más feliz del mundo, hasta que sea mayor, tome sus decisiones y haga lo mismo que has hecho con él pero con sus propios hijos. Esto es la vida. Quizás es la esencia de la vida.

dilluns, 28 de novembre de 2011

Mi inseminación (26): ¡Sí, quiero ser madre! ¡Viva!

¡Pues ya ha llegado el momento! Ya hace tiempo que lo sabes, de hecho lo sabes de toda la vida. Quieres ser madre y no lo quieres seguir negando. ¡Que lo nieguen las otras! Estás harta de buscar en mujeres que cada vez te resultan más amargadas y desesperadas, que no saben ni por donde tirar, la afirmación de que no quieres tener hijos y que no eres un bicho raro por no quererlo (porque sí te sientes un bicho raro). Estás harta de intentar hacer la  “Asociación de las que no queremos ser madres”. Estás harta de sentir en amigas y conocidas que ellas no quieren ser madres, para un buen día enterarte que están más contentas que unas castañuelas porque están embarazadas de gemelos; que resulta que hacía tiempo que lo buscaban y los daba vergüenza decir que no se quedaban... ¡Pues muchas gracias por la confianza! ¿Por qué no se explican estas cosas? ¿Que quizás es una vergüenza que te cueste tener descendencia? ¿Cómo es que hay todavía, hoy en día, este tipo de tabúes? ¿Verdaderamente un amigo de verdad te tiene que esconder que llevan años intentando tener una criatura?
Cada vez con más intensidad, piensas:
- ¿Yo quería formar la liga de las que no quieren ser madres? ¡Basta de mentiras y de negaciones! Yo no quiero ser una mujer amargada, u obsesionada con el trabajo, ni dejarme la dignidad buscando El Príncipe Azul Que No Existe, o esperando que nuestro compañero - si  tenemos - se decida a tener hijos. Quiero mirar por mí, quiero realizar mis sueños y hacer de mi vida privada un oasis. ¡Que le den por el saco al trabajo! Bien que como, ¿no? ¡Pues más que suficiente!
Total, un día estás maravillosamente bien, sintiéndote “realizada” y, de repente, viene una crisis, y todo se  va a pique. Los trabajos, desgraciadamente, no son por siempre jamás, nunca son seguros. Es importante luchar por una estabilidad, porque la estabilidad económica es importante, pero no vale en absoluto la pena dejarse la piel, y mucho menos sueños por el camino, ni deseos que están allí y no dejarán de estar por mucho que te  esfuerces en ignorarlos.

dimecres, 23 de novembre de 2011

Mi inseminación (25): Canguros, relaciones... ¡el sentimiento está allí!

Volviendo al tema de los niños, durante una época de tu vida te ganabas la vida haciendo canguros y dando clases particulares, un dinero que iba la mar de bieny que no te costaban nada de ganar. Te salía solo el trabajo, sólo tenías que tener paciencia y transmitir unos valores que te parecían los correctos, los que normalmente son correctos: ser educados, portarse bien, medidas de higiene, hábitos en la mesa, ayudarlos a hacer los deberes de la escuela. Los padres de estos niños confiaban en ti, y a ti no te costaba el trabajo porque eran los valores que veías en casa. Las llegabas a querer, a estas criaturas; cuando los dejabas porque te salían otras cosas o no podías con tantos canguros, durante un tiempo los echabas de menos. Más de una vez te preguntabas si alguna persona que te veía por la calle con aquellos niños y niñas se pensarían si eras una madre joven. Y era un trabajo agradecido. Te gustaba, muchísimas chicas (más que chicos, por lo que yo vivía entonces) hemos hecho de canguro en algún momento de nuestras vidas; éramos responsables durante un rato de niños pequeños, y no nos hacía falta un manual. Seguir unas instrucciones de los padres, pero el resto lo hacía nuestro mismo instinto y nuestra propia educación; al menos mi experiencia es de no haber tenido nunca ningún problema. Incluso había unos padres que me dejaban traer una amiga para que no me aburriera cuando hacía de canguro por la noche.
Y no hay que haber pasado por un periplo de tener cien relaciones y acabar en una página de contactos para darte cuenta que este sentimiento está allí. Una desazón interna, que te hace pensar a menudo, cuando ves a niños por la calle, cuando estás con tus sobrinos o tan sólo la desazón de tus propios recuerdos, sentimientos y sensaciones. Puedes tener una pareja que no quiera tener hijos, o una pareja que no te llene. Puedes negarlo e intentar convencerte. Pero el sentimiento seguirá estando allí, arañando. Y puedes cometer el error de negarlo largo tiempo, pero sólo será esto, una negación.O el error de seguir esperando que tu pareja se decida a tener hijos. Para un hombre no es importando el factor tiempo; para una mujer, sí. Y la gran equivocación es tener un hijo con alguien que no  quiere tener.

dilluns, 21 de novembre de 2011

Dedicado a Valent

Esto lo escribí el 18 de abril en catalán. Lo traduzco, después de 7 meses. El sentimiento sigue vivo.

Hoy hace una semana que nos dejaste. ¡Qué tristes estamos! Has sido el mejor amigo de la familia desde hacía mucho tiempo. Has protegido a nuestros niños, has jugado con todos, has escuchado sin decir nada, ¡incluso nos has mordido el culo a todos cuando eras un cachorro!... Pero ahora ya no estás, ahora estás en nuestros corazones, como otros animales y personas que hemos amado. Habrá momentos duros, como cuando vemos tu casita, cuando llegamos y te vamos a saludar... como siempre, pero no estás, cuando pasamos por la ermita... ¡La ermita! Cuando jugábamos al escondite, que me escondía detrás de las plantas... ¡y siempre me encontrabas! O cuando íbamos por el pueblo, cómo desperatabas miradas ajenas... un día un niño te dijo: "¡Qué perro! Parece un caballo o un pijo". Me entró la risa. Supongo que lo decía porque eras muy grande y caminabas súnper recto, con planta. En fin, Valent, esperemos que allá donde estés sigas corriendo como a ti te gustaba. ¡Adéu, Valent!

Mi inseminación (24): Tic, tac...

Volviendo al tema de las relaciones por Internet y de tu decepción, te reencuentras con tus amigos de toda la vida, casados y no casados, enfermos y no enfermos, con los de éxito y los que no han tenido tanta suerte. Quedas con ellos y recuerdas los sueños de juventud. Contraste de sueños, y contraste de tiempo, los cambios se han producido demasiado deprisa. En sólo veinte años te has dado cuenta que lo que deseabas a los quince no lo tienes a los treinta y cinco. Hablas de la vida, del trabajo, del amor, de la soledad. Y hay un gran tema, sobre todo entre amigas, de las que han sido madres y las que no lo han sido: ¿por qué las chicas han acabado, algunas, negando la maternidad, a pesar de que el reloj biológico más que “tic tac” hace “ding dong” y el instinto maternal no flotaba sino que golpeaba las entrañas diciendo “que no me oyes”?
Negar este instinto puede resultar caro. Puede llegar a hacer que te arrepientas... cuando ya es demasiado tarde. Coincides con conocidas que te dicen:
- Mírame. Tengo 45 años y, esperando un Príncipe Azul, me he quedado sin Príncipe y sin lo más importante en la vida: la posibilitat de tener hijos. No seas tan burra como yo. - Tú, previamente, ya te lo has hecho venir bien para sacar el tema de la inseminación artificial.
Porque siempre has querido tener hijos. Ya de pequeña te compraban el típico muñeco bebé, y tú eras su madre. Y tenías la cuna, el cochecito, el biberón y un montón de ropita. Era tu bebé. Lo despertabas por la mañana y le decías:
- Me voy al cole, no llores y pórtate bien, cuando llegue al mediodía te daré la papilla.
Le decías esto y que no tuviera miedo, que la yaya estaba en la casa, sólo tenía que salir un momento a comprar, pero volvería rápido. Y al mediodía, cuando llegabas, le dabas la papilla y dejabas durmiendo la muñeca mientras ibas a la escuela por la tarde. I cuando regresabas por la tarde, la bañabas y jugabas un rato, y después la acostabas, que tenías que hacer los deberes de clase. Bien, de aquella época siempre queda algún trauma, como cuando pedí el muñeco que hacía pipí y caca y sacaba mocos, y lo primero que hizo mi abuelo es coger el sobre que hacía que tu bebé hiciese caca y tirarlo a la basura. En fin...
Pero tu familia te hace un regalo mucho mejor que una muñeca: ¡te regala una hermanita! Y encima te dicen que necesitarán tu ayuda. No te lo puedes creer, una muñeca de verdad, de carne y huesos, con aquellas manitas y aquellos pequeños pies. Te dejan que los ayudes a bañarla, a vestirla, a darle de comer... Te olvidas de las muñecas. Tu ilusión al levantarte y al volver de la escuela es ver a tu hermanita, sacarla de paseo, acunarla, cuidarla... Es uno de los momentos más bonitos que recuerdas de tu infancia. Esperar los fines de semana, que tendrás mucho más tiempo; verla despertar y cambiarle el pañal. Bueno, de hecho esta era la parte que más malos recuerdos te traen, porque los pipís y las cacas eran de verdad pero, como te lo encomendaban tus padres, lo tenías que hacer. Más tarde ya vendría la época de pelearte con ella, de tirarse de los pelos y de hacer morros porque no querías ir vestida igual que tu hermanita. Y años más tarde será tu mejor amiga, a quien se lo explicarás todo.

divendres, 18 de novembre de 2011

Mi inseminación (23): El mundo "single" no está hecho para mí

Reflexionas. Piensas en tus últimos acontecimientos. Ordenas las ideas. Llegas a conclusiones. Últimamente sólo oyes hablar de los “singles”. Todo está encarado a los solteros. Viajes, páginas de contacto, reuniones, grupos de amigos. Hay un mundo aparte y específico sólo para singles. Pero siempre con el maldito Internet por el medio. Es como un mundo fantasma, que quizás a mucha gente le funciona, pero que a ti no te atrae nada, porque tú aún crees en el poder de la mirada, en las casualidades y el destino. Si etiquetan de idealista, que lo hagan, pero es así. Tú no quieres el mundo de Internet, ni de los viajes a países exóticos para ligar. Tú quieres el "túa a tú" en un mundo donde predomina el individualismo, donde la mayoría de gente de treinta y pico ya está de vuelta de todo, cansada de todo, donde sólo se preocupa por la satisfacción momentánea, sin tener en cuenta las conseqüèncias. Complicado.
No sabes ni por donde has tirado. Tú sólo querías una vida normal, tranquila: estudiar, trabajar, casarte y tener un par de hijos; un resumen en pocas palabras que se ha ido desdibujando al lo largo del tiempo. Es esto lo que nos habían dicho de pequeños, ¿no? A mí me hablaron del Príncipe Azul. Lo que no me imaginaba es que el príncipe había desaparecido con la rana, había huido para no volver jamás. Quizás a este príncipe no le gustaba este mundo, ni estas chicas.
Pero, ¿no era yo de la generación que podíamos con todo, que lo podíamos tener todo sin grandes esfuerzos? ¿Qué nos ha pasado a mí, a mis amigos que lo teníamos todo, o loo podíamos haber tenido todo, y hemos acabado sintiendo soledad incluso estando acompañados? Porque no hay nada peor que estar con alguien y sentirte solo, esto es la soledad elevada al máximo exponente. Y es la exigencia al máximp exponente ser mujer de treinta y tantos. Se nos exige que seamos mujeres actuales, pero con el peso de valores del pasado. Tenemos que ser madres, tenemos que trabajar cuarenta horas semanales y, normalmente, el peso de la casa, más del 50% en caso de parejas, cae sobre nosotras. Tenemos que ser casi perfectas. La “Supermujer”, perfecta, sin un quilo de más, porque tenemos que tener un cuerpo perfecto, y un cutis perfecto, y vestir de manera perfecta. Porque esto es lo que continuamente nos está machacando la publicidad y los medios de comunicación. Tenemos que poder con todo, incluso con la celulitis, como si no tuviésemos suficiente trabajo.
A veces me pregunto cómo millones de personas salen a la calle para celebrar la victoria del Barça, aunque estemos en tiempos de crisis, y somos incapaces de salir a la calle para reivindicar o hacer saber nuestra opinión sobre determinados asuntos. No he visto nunca una convocatoria de mujeres diciendo basta a la publicidad y a todo tipo de mensajes que nos llegan por los medios de comunicación, que penetran en la sociedad y al largo de los tiempos se dan por hecho. Cuando veo anuncios de madres con bebés casi recién nacidos jovencísimas y delgadísimas, me revoluciono. La realidad no es esta; la realidad es que a las mujeres después de parir nos cuesta recuperar la figura y, aparte, van cansadas. Estar perfectas forma parte de algunas famosas privilegiadas que a base de mucho dinero para masajes y cirugía recuperan sus figuras.
Tampoco nos quejamos con contundencia de los mensajes sexistas, tanto en mujeres como en hombres. No entro en discutir que no nos quejamos de otras cosas, a veces mucho más graves.

dijous, 17 de novembre de 2011

Mi inseminación (22): ... pues nos vamos de excursión!

Pocas personas escogen la soledad, pero hay personas que saben convivir con la soledad, perque no quieren cualquiera a su lado, a cualquier precio. Otros y otras no lo llevan tan bien. Querrán a cualquiera, a veces a cualquier precio. Son personas dependientes, adictas emocionales, que viven mucho de cara a la sociedad. Poder lucir una pareja, aunque sepan que la relación no va nada bien, les es suficiente, no necesitan nada más, aparentemente, a pesar de que lo que pasa en los hogares de las personas nunca se acaba de saber. Y este tipo de personas, si no reciben la ayuda psicológica que necesitan y acaban en manos de individuos sin escrúpulos, tienen todos los números para acabar solas, y trastornadas. O dando demasiado por sus parejas, por un amor no correspondido, dejando de lado familia y amigos, y muchos años de su vida, porque lo único por lo que viven es por y para su pareja, para conseguir que las quieran; personas que aman demasiado, y mal.
Pues como el tema citas no ha acabado de salir bien, se puede probar con el tema de los viajes con desconocidos, de las cenas con desconocidos, o de hacerse de algún grupo. Quieres hacer amigos, conocer gente, salir de tu círculo habitual.
Haces un primer contacto... ¡y ya estás en un grupo! Ostras, qué gente más sana, cuántas cenas y cuántas excursiones. Qué bien, lo que yo quería, gente sana, con ganas de divertirse de manera sana, con gustos sanos y hábitos sanos. Todo muy “sano”.
Lo que pasa es que ser “sano” no siempre quiere decir que el resto de cualidades de las personas sean buenas. Y cuando llevas un par de salidas y un par de cenas, y ves un gran movimiento de gente, te das cuenta de dos cosas importantes. Primero, que a algunos de los miembros del grupo les encanta llevar gente que ha conocido en páginas de contactos por Internet, y que quizás sus gustos no son tan sanos. Segundo, que a algunos de los miembros del grupo no les gusta la idea que haya gente nueva en el grupo, y que hará lo que pueda para que desaparezca. ¡Ah! Es que en este grupo tan sano y tan abierto resulta que muchos de sus miembros lo que quieren es emparejarse, y tú eres una rival. Y no les gustas. Y te lo demuestran.
Lo que no acabo de entender es que si la gente lo que quiere es encontrar una pareja, ¿por qué no lo dicen? ¿Por qué tienen que esconderse en mil excusas y en mil historias? ¿Que quizás es una cosa mala querer encontrar un buen compañero o compañera? ¿Por qué a veces parece que tenga que formar parte de una maquinación, de un plan? 
Al principio intentas sacar tu mejor car, aunque a tus años este tipo de chorradas no te van mucho, y hacer entender a los miembros molestos contigo que no llevas ninguna intención de "ligoteo", que en la infancia habías sido una “scout” y que lo único que quieres es contacto con la naturaleza y buenas cenas, y sentir emociones ya olvidadas, como la emoción de preparar la mochila y las chirucas, los bocadillos y el café con leche en un termo. La emoción de madrugar y llegar bien temprano al puento de encuentro. La emoción de montar la tienda de campaña y plantarle una patata encima de todo, rescatar la vieja guitarra y el cancionero e ir practicando balo la ducha. La emoción de estar ante un fuego, en hermandad. Pero parece que en determinadas mentes, estas explicaciones no acaban de convencer. Y empiezas a ver demasiadas escisiones, demasiados jaleos entre unos y otros, y acabas cansado, añorando a tus amigos de toda la vida. Has conocido a alguna persona que vale la pena, pero se pueden contar con los dedos de una mano. Y te ha quedado bien claro que las viejas emociones de la infancia no volverán y, si lo hacen, serán muy diferentes, en contextos muy diferentes. Eres un adulto, y los hechos los vives como adulto, no como niño.
El mundo de Internet no está hecho para ti. Las amistades forzadas, tampoco. Sigues creyendo en el destino, y en que las cosas tienen un orden natural de ocurrir. Es posible que incluso seas tú la que falla. Lo asumes. En el fondo va en contra de ti, de tus principios, los que tienes tan arraigados desde pequeña. Has intentado cambiar, abrirte a nuevos mundos, pero no va contigo. Y no quieres hacer nada al respecto, ni seguir forzando la máquina. No quieres conocer más desconocidos. No todo el mundo tiene cabida en tu vida. Cuanto mayor eres, el pasado es más amplio. Y, para algunas personas, el pasado es una auténtica mochila, que pesa mucho, llena de relaciones mal acabadas, de relaciones con hijos complicadas, de situaciones no finalizadas. De traiciones y vivencias no cicatrizadas que hacen que las personas cambien, sean desconfiadas o tengan algunos traumas. Tú no llevas esta mochila y no quieres la de los otros. Es así de claro. Y a estas alturas de la vida, entre tanto individualismo, miras mucho por ti, por tu bienestar, sobre todo psicológico. Tú no llevas encima cosas pendientes, puedes haber pasado por mejores o peores situaciones pero, si en su momento les has puesto remedio, lo único que te ha quedado es una vivencia que forma parte del pasado, que está allí como un recuerdo y ya está.
Y con tanta tontería, tanta mentira y tanto fantasma, te das cuenta que te ha pasado un año. Y has llegado a los 35.

dilluns, 14 de novembre de 2011

Mi inseminación (21): Ciberrelaciones, calvicies y fantasmas...

Pero comienzas a darle vueltas. Tal y cual lo han hecho, y les ha ido muy bien. Y se entra en la fase de autoconvencimiento: es una manera como cualquier otra de conocer a alguien, quien está en Internet está en la calle, se trata de la misma gent que hay en el autobús, en las bibliotecas, en las tiendas, en los restaurantes... ¡Pues adelante! Pero pongámosle un poco de “glamour”. Nada de un chat cualquiera donde entra todo el mundo y la gente hace un montón de faltas de ortografía y dice un montón de burradas y van demasiado pasados de vueltas. No, no... ¡páginas de pago! Que una tiene estilo y clase, y en una página de pago no entrará qualquiera sino gente que tenga las cosas claras, las ideas ordenadas, clase, principios...
Pasamos los requisitos previos de número de cuenta, solicitud de todo tipo de datos... ¡y un mundo se abre ante nosotros! Un mundo de hombres muy guapos, la mayoría, en todo caso atractivos (si no ponen la foto es lo que dicen que son), con un nivel alto de estudios y con unos trabajos interesantísimos.
Madre mía, una no sabe ni por donde empezar... Pero mejor ir chafardeando... Poco a poco... Ostras, qué nervios, de verdad, no sé por dónde empezar... ¿Qué es esto? Un correo electrónico en mi buzón de entrada? Hmm... aja... vaya, uno que me dice que le parezco muy interesante, pero que tendría que poner una foto. Pero, ¿y si pongo una foto y me encuentro que alguien me reconoce? ¡Dios mío, qué vergüenza! Mejor pasar, este lugar está lleno de hombres, habrá otros que no me querrán conocer por la foto, sino que les gustará cómo soy por dentro. Y esto me hace pensar... quizás yo también tendría que dejar de pasar de los que no tienen fotos, y no ignorarlos, porque quizás les pasa como a mí ¡Sí, démonos todos una oportunidad!
Y así entras en una rueda de hombres que, con unos intercambios de palabras a través del correo electrónico, te acabas dando la dirección de Hotmail, porque es mucho más cómoda, y acabas teniendo unas largas charlas interesantísimas en el Messenger, de esas que ni siquiera has tenido con tu mejor amigo, de esas que hacía tiempo que echabas de menos, conversaciones profundas. Charlas hasta bien entrada la madrugada, aunque esto implique que llegues tarde al trabajo por la mañana, porque estás mejorando tu calidad de vida: te estás abriendo socialmente, aqunque una pantalla de nada te separe, estás conociendo personas que son de todo menos superficiales, les explicas tus grandes secretos, tus penas y tus alegrías, y ellos te explican las suyas, unas historias a veces increíbles, llenas de “sinceridad”... Por la mañana estás en el trabajo y, de repente, te acuerdas de que no hace muchas horas hablabas con aquella persona tan especial, y se te dibuja una gran sonrisa en la cara. La gente te ve diferente, piensa:
- Uy, se está enamorando, está diferente, y parece que tenga secretos... - Lo ves en sus ojos, saben que alguna cosa te pasa.
Y llega un día, un gran día: el intercambio de móviles. ¡Y por primera vez escuchas su voz! ¡Qué emoción! ¡Qué voz más viril! ¡Qué suerte he tenido! ¡De entre todas las muejeres de la página de contactos, me ha escogido a mí! Y ya está el terreno preprado para el próximo paso: quedar.
- Te pasaré a buscar por casa.
Esta frase no te acaba de convencer, porque entonces recuerdas que te han aconsejado no dar el teléfono móvil (cosa que ya has roto), no dar tu dirección y no comer espinacas si quedas para comer o cenar (porque queda horroroso ver aquellas cositas verdes entre los dientes); siempre es mejor quedar en un lugar céntrico y con mucha gente. Así que, intentando no ofender sensibilidades, dices que tienes que hacer un recado por el centro y que nos vemos mejor por ahí. Y dicho y hecho. A las seis de la tarde en el café tal. Y aquel día ya te despiertas con las famosas mariposas en el estómago (¿O quizás gusanos porque en el fondo no te acabas de sentir tan a gusto? ¿Cómo es que tengo este regusto amargo?) e intentas estar sensual, pero sin provocar, elegante, pero con naturalidad; y has ido a la peluquería, pero pidiendo al peluquero que te haga un peinado que no se note que hayas pasado por la peluquería. No puedes ni comer aquel día por los nervios... ¡y ya ha llegado la hora! Estás en el lugar en punto, te da la sensación que todo el mundo te mira y, de repente, un auténtico extraño te dice:
- ¿X?
Y tú:
- ¿Y?
Y resulta que tienes ante tí, si te fijas mucho y pones gran interés, alguien que se parece al de la foto del Messenger, pero con veinte años más. Y tú no quieres ser maleducada, pero tienes muchas ganas de preguntar:
- ¿Dónde están tus cabellos? ¿Se te han caído de repente al verme?
E inconscientemente miras al suelo por si, por milagro, los pelos están por el suelo. Pero no. Hace mucho tiempo que aquellos cabellos han dejado de existir. La mala leche se va apoderando de ti. Te sientes estafada por aquel hombre que te mira diciendo:
- He ligado con una de treinta, yo, que casi tengo un pie en la jubilación – con los ojos medio desorbitados.
Pero como somos de la generación que tenemos respeto por la gente mayor, nos dejamos invitar a un café y escuchamos las chorradas más grandes que jamás hayamos oído:
- Que si me encuentro que las mujeres mentís mucho, que decís que pesáis cincuenta quilos y pesáis cien, que si ponéis fotos y después resulta que tenéis veinte años más que en la foto, bla, bla, bla...
Y tú te vas imaginando insultándolo, diciéndole de todo, lanzándole el refresco encima... Pensamientos de aquellos que te hacen ir aguantando la conversación. ¿Dónde están las grandes charlas de hasta entonces? ¿Dónde quedab las conversaciones profundas que teníamos en el Messenger?
Llega el momento de despedirse e insiste en ir a cenar, que te invita a una cena cerca del mar. Durante un segundo estás a punto de ceder, al menos una cenita gratis. Pero no, de tu boca sale toda tu mala baba:
- Mira, siento decirte que a mí me está esperando en casa mi pareja, que es una mujer... es que soy lesbiana, ¿sabes? Y psicóloga, y estoy haciendo un trabajo sobre parejas que se conocen por Internet.
Das media vuelta y te vas dejando al mentiroso con cara de animalito abandonado y pensando:
- Esta noche no mojo.
Y esto es el inicio de un montón de situaciones similares o muy peores. La realidad supera la ficción. Por dos o tres personas “normales” que encuentras (no entraremos a discutir qué es o no normal; sencillamente, personas que se parecen a uno mismo, que comparten gustos, que intentan mentir lo menos posible, y que están tan solas como tú y quieren hacer amigos, aunque sólo sea por amistad) quince o veinte que no tienes más remedio que nombrar “frikis”. Conoces supuestos médicos, abogados, jueces, investigadores, que al cabo de un tiempo se han vuelto a dar de alta y ni siquiera recuerdan que han hablado contigo, y el médico ahora es escritor, o incluso está en el paro, porque está haciendo pruebas ya que piensa que las mujeres somos tan superficiales (¿lo somos?) que si los hombres están en el paro o son tristes camareros, no contactan con ellos. Pobres mentirosos... Y algunos... ¡pobres tacaños! Es que es la diversidad en forma de ejemplares masculinos. Tanto te encuentras al que saca la cartera y se te presenta con el último modelo de BMW descapotable, como el que se te presenta con los zapatos del abuelo, de cuando era joven, y no mete la mano en la cartera ni que lo maten. Al final acabas pagando, aunque ha tomado tres consumiciones y tú sólo una (pero no pasa nada, somos la generación de la igualdad entre hombres y mujeres...), y entonces te dice, una vez te han dado el cambio:
- El próximo día pago yo – con una cara de tonto que no se aguanta.
Y a este ya no le dices que eres lesbiana, a este le dices directamente que te has aburrido tanto que no habrá una segunda vez, y que él y su yo tacaño se pueden ir a freír espárragos, juntitos, cogiditos de la mano.
¿Y los fantasmas? Siempre recordaré un conocido que decía que los únicos fantasmas que conocía estaban vivos. Yo llegué a la conclusión de que sí, que esto era verdad y que un tanto por ciento muy elevado estaba en las páginas de contactos. Porque acabas pensando: a ver, yo soy humilde, admito mi soledad, por esto estoy aquí. Pero cuanto te llega un fantasma con un Mercedes, camisa de marca con jersey puesto encima de la camisa como reviviendo el video de “Amo a Laura pero te esperaré hasta el matrimonio”, que te mira con cara de decepción porque no te has puesto el último modelo de Christian Lacroix (sí, hombre, aquel diseñador que todo el mundo. cualquier bolsillo, tiene en el armario) ni te has tirado por encima un litro de Chanel nº 5 y, además, te está metiendo el rollo de los muchos amigos que tiene, y las muchas novias que ha tenido, pero ahora busca alguna cosa diferente... es que alucinas. Hay gente que, verdaderamente, te deja sin palabras.
Y la mentira... cuántas veces has llegado a leer en el Messenger:
- Yo soy sincero, y me gusta mucho la sinceridad.
Y en el primer encuentro te suelta que está casado, o que sigue enamorado de su ex. Y tú le dices:
- ¿No eras tan sincer?
Y te contesta:
- En aquel momento lo sentía así. Pero pasaba por un mal momento – esto acompañado con cara de cachorrito.
¡Ah! De acuerdo, estonces nada, no pasa nada que hayas estado jugando conmigo, que te haya servido de cojín para dar puñetazos; aquí estamos, para servir a todos los desequilibrados que saben muy bien qué palabras utilizar, qué hay que decir para quedar bien, pero que no tienen ni idea de sentimientos ni de respeto. Reflexionas, y te das cuenta que te da rabia que te hayan engañado. En pocos dies, cara a cara, te has ido decepcionando, aunque el dolor del engaño siempre hace daño. Pero a corto plazo, ya que era prácticamente un desconocido.
También puede ser que saques un buen amigo de todo esto, y te explique cómo viven estos encuentros ellos con las mujeres. Ellos también viven las mentiras, aunque las mujeres también tenemos la palabra “sinceridad” en la boca todo el tiempo. Parece que las mujeres acostumbramos a no ser sinceras en el tema del peso y de la edad, ni de lo que queremos encontrar. Me explicaba este amigo que a él lo que más le asustaba era cuando supuestamente encontraba una chica tranquila y con ciertos valores, y que después se pasaba la cita insinuándose descaradamente, lo que chocaba un poco con el concepto que él tenía y, según él, no lo había pasado muy bien. Esta misma persona conocía casos de chicos que también se habían sentido decepcionados o engañados en muchos otros aspectos.
Supongo que con una pantalla de por medio, hombres y mujeres podemos ser lo que queramos, e incluso podemos creernos con el derecho de engañar y tomar el pelo a quien sea. Habrá quien entrará en estas páginas porque lo encuentra un recurso más para encontrar pareja, para acabar con la soledad, y entrará con la mejor intención del mundo, con ilusión, con la esperanza de encontrar gente que vaga la pena. Personas que prefieren Internet a una discoteca porque “la gente va a lo que va”. Habrá quien tenga suerte y encontrará buenas personas, amigos, incluso compañeros. Pero para otras será una desilusión, una pérdida de tiempo, un desengaño más en sus vidas, porque la soledad se vive de muchas maneras. Según algunos datos, estas páginas tienen millones de usuarios en el mundo, y esto es una realidad social: un montón de personas intentando conocer gente a través de Internet, cada una con sus motivos, aunque uno de ellos sea el aburrimiento. Atrás quedan aquellas famosas agencias matrimoniales casi elitistas de antes del “boom” de Internet y las relaciones cibersociales.

Mi inseminación (20): Divorcios, separaciones y vómitos...

Una cuestión importante fue cuando salió el divorcio exprés: hubo un “boom” de separaciones. Y la custodia compartida también ha ayudado, aunque, desgraciadamente, o no siempre se pide o no siempre se da. Todos aquellos que iban aguantando, por miedo a quedarse sin nada, o a someterse a procesos largos, se lanzaron a la piscina, vieron luz a unos años de oscuridad.
Estar al lado de alguien por el cual has sentido mucho y ya no sientes nada es difícil, en todos los aspectos: en el de la comunicación, la confianza y la sexualidad. La convivencia día a día va disminuyendo, cada vez se lleva peor. Pequeños odios se pueden convertir en grandes odios. En algunos casos puede acabar en problemas psicológicos. La desconfianza aumenta. Y el hogar, que en algún momento de la vida había sido un lugar de paz y felicidad se puede convertir en un verdadero infierno. Esto se multiplica cuando hay hijos, los inocentes en todas estas historias y, en algunos casos, víctimas de las manipulaciones de sus padres.
Continuando con los amigos, entonces, cuando se separan, se acuerdan de ti. Te llaman, quieren explicarte sus problemas porque, claro, tú tienes mucha experiencia en relaciones y les puedes ayudar. Pero tú acabas de empezar, por enésima vez, una relación, y te da pereza, pero como eres buen amigo, aunque han pasado de ti durante mucho tiempo, pues cedes y quedas. Quedas con cada una de las partes, que te explica una historia que no cuadra ni de lejos. Casi desconoces a quien tienes delante. Y mientras estás cenando y escuchando el rollo, te acuerdas de tu última conquista, que te gusta mucho, pero de la que no te fías, y estás toda la noche siendo el pañuelo de tu amigo o amiga, y sufriendo que tu última "adquisición" se lo esté pasando la mar de bien con alguien que no eres tú. 
Y, al cabo de un tiempo, ves que estos amigos que tenían un matrimonio envidiable, que han sufrido tanto el divorcio y que te han querido hacer partícipe de su dolor, entran en una especie de etapa de desfase, de la que también te quieren hacer partícpe, y piensas:
- De acuerdo, una manera como una otra de salir. – Porque tú eres una persona sociable, no te quieres cerrar, quieres conocer gente, recuperar una amistad de antes que, en el fondo, es casi irrecuperable.
Y te encuentras con tu viejo amigo o amiga, que hasta ahora llevaba una vida ejemplar y familiar, yendo a una discoteca y queriendo ligar con todo lo que se mueva y queriendo tomar todo lo que sea menos agua. y tú haciendo de padre o madre, y el otro diciendo:
- Yo sólo quiero disfrutar de la vida – normalmente en estado ebrio.
Y piensas:
- ¡¿Esto es disfrutar?!
Y el otro te contesta:
- Sí, porque me han robado unos años de mi vida, y los quiero recuperar.
Y le acabas diciendo, casi chillando, a uno de tus mejores amigos:
- ¡Pero si lo tenías todo! ¡Una vida tranquila, familiar, la que TÚ habías escogido con tu libertad de finales del siglo XX, principios del XXI! ¡Tú pudiste escoger, y ahora dices que te han robado los años!
Y como ves que la cosa va a peor, que la discusión puede ir a más, que este no es el amigo o la amiga que habías tenido, que entiendes que quizás tiene que pasar por esta época de desfase porque así lo quiere y que, encima, acabas dejando de tener tu propia vida privada, aunque no era gran cosa, que todas las noches acabas con tu amigo o amiga con vómitos o en manos de cualquier desconocido y que, quizás, te está empezando a proponer toda clase de relaciones sexuales que implican a más de dos personas (de verdad, esta obsesión por probalo todo, en los lugares más extraños, no la acabaré de entender nunca), te vas alejando y sigues con tu búsqueda.
¿Qué nos encontramos? Que se han perdido unos cuantos meses más de tu vida. Tu última “pareja” ya no sabes ni dónde para. Y tú has estado unos meses “fuera de servicio”. No sabes por donde tirar. Piensas, comentas, te comentan... ¿y una pareja por Internet? Ostras, un poco “cutre”, ¿no?

divendres, 11 de novembre de 2011

Mi inseminación (19): No eres tú, soy yo...

Siguiendo con el tema de ser la invitada en una boda, no sabes muy bien qué está pasando. Has conseguido ligar con el que piensas que será el hombre de tu vida y, de repente, al cabo de tres semanas, oyes una frase que te perseguirá durante muchos años:
- No eres tú, soy yo.
Frase que, en un principio, te coge por sorpresa, te quedas con la boca abierta, la cara desencajada y los ojos vidriosos. Pero un buen día... la dices tú! Te encuentras diciendo las fatídicas palabras y viendo la cara desencajada del otro, y te sientes bien, muy bien, porque esta vez lo has dicho tú, y te lo crees de verdad, porque es una frase que cuando la dices te sacas mucha culpa de encima. Y te sientes importante al decirlo. Y sabes que en buena parte tienes razón: no es el otro, es culpa tuya, desde un primer momento sabías que la cosa no iría bien; ves cosas raras, detalles que no te gustan; él te gusta, pero sólo es esto, atracción física. Conocer una persona es muy complicado, pero si, encima, no hay la maravillosa química, lo que hace que te arriesgues día tras día porque alguna cosa te dice que vale la pena... Sin esto, tú, y los otros, seguiréis dejando caer:
- No eres tú, soy yo.
Y entre que te la dicen, la dicer e ir titando, te das cuenta que cada vez estás más centrado en el tema, tu círculo de amigos se va restringiendo porque todo el mundo va a su aire y no te acaba de gustar el papel de vela... pasan los meses y... ¡otra fase!
Tus amigos comienzan a separarse (“nos hemos dado un tiempo”), divorciarse (“era lo mejor para los dos”) y te empiezas a enterar de terceras personas, que el prozac corre como el agua... En el fondo siempre has sabido que algunos de ellos se han juntado porque uno u otro tenía un piso, para huir de casa, porque eran los únicos solteros que quedaban y la presión es muy fuerte... Bien, algún que otro se casaba enamorado, pero a veces parecía una plaga, com si se contagiara:
- ¿Estos dos se han casado? – comentaban incluso las personas más cercanas.
Y te extrañabas de una boda que no se aguantaba por ningún lado y que incluso la gente hacía apuestas de cuanto durarían. Y, sobre todo, te dabas cuenta que muchos matrimonios habían ido sosteniéndose porque había hijos por el medio, pero que esto no podía durar mucho tiempo.

dijous, 10 de novembre de 2011

Mi inseminación (18): ¡Ya tenemos 30!

Y así iban pasando los años y, entre carrera, máster y postgrado, la lista de amantes y amigos nacionales e internacionales iba en aumento y, sin saber como, estabas en los 30 y más o menos te habías colocado profesionalmente. Y, de repente, giras los 30 y te das cuenta de que se te acumulan las despedidas de soltera, lo que quiere decir que se te comienzan a acumular las bodas y que parte del sueldo lo tienes que destinar a vestidos, zapatos y regalos de boda. Y que, en el fondo, comienzas a envidiar este estado, porque ya lo comienzas a tener todo en la vida, excepto esto. Y piensas:
- ¡Qué romántico si en alguna de estas bodas conociera al hombre de mi vida! – lo pienas casi mirando la luna y las estrellas...
Y, mira, ya vas a la boda de otra manera, más alegre, con un objetivo: ligar, pero con el que será tu futuro marido, porque las bodas no es como ir a la discoteca; tienen eso especial que hace que los "ligues" sean especiales. Aparentemente...
Porque una también quiere pasar por la iglesia, aunque no crea en Dios, y llevar un vestido precioso de princesa, aunque ni siquiera haya hecho la comunión, y ser el centro de atención, y reunir quinientos invitados, aunque algunos ni los conozcas, y preparar la boda, y tener muchas preocupaciones, y sólo tener la boca como tema, y tener una luna de miel, y viajar a un país exótico.
Porque algunas de tus amigas lo han hecho, y tu no quieres ser menos porque, aunque estén divorciadas, ellas te dicen que este día es el mejor de tu vida, porque eres el centro de atención y todo el mundo está por ti. Que se tiene que pasar, por narices. Todo el mundo te mira el día de la boda, y una, la protagonista, sale en las fotos con los ojos brillantes y el cutis radiante. Parece que sea porque está enamoradísima de su marido, pero no, no es esto... aparte del maquillaje, que siempre ayuda, es porque te sientes la mujer más importante del mundo, al menos por un día, como una de aquellas de las revistas del corazón, siempre rodeada de paparazzis, revistas que siempre decimos que no leemos pero que leemos a escondidas.

dimecres, 9 de novembre de 2011

Mi inseminación (17): Cuando teníamos 20 años...

Esta situación se multiplica por diez cuando después de la boda nos enteramos que están embarazados, porque si nos volvemos a encontrar a la tía soltera y sin hijos tenemos muchos puntos de que, a parte de su cara de pena, nos mire como diciendo:
- Tus óvulos van perdiendo con los años, debes empezar a estar medio seca – esto acompañado de una cara con la nariz fruncida.
Ejemplo en el tema relaciones: nos enamoramos perdidamente de nuestro compañero en la Universidad. Hacemos de todo para que se fije en nosotras, porque somos de la generación de ir directo al grano, pero con “glamour”: cuando teníamos 20 años aún no nos gustaba el “aquí te pillo aquí te mato”. Intentamos sentarnos a su lado en la biblioteca de la facultad, para poder hacer un ligero roce de rodillas y, si ha habido suerte, quedar para ir a la manifestación del día siguiente (la “Mani”), que no tenemos ni idea qué narices se está reivindicando, porque con tanta reivindicación tenemos un poco de embrollo, pero como nosotros nos lo creemos todo y luchamos por todo vamos con los ojos cerrados allí donde se tenga que ir, porque nuestros compañeros también van y nosotros somos (bien, éramos a los 20 años) solidarios y con “compañerismo” escrito en la frente.
Y así llegaba el gran día, y corríamos por las calles del casco antiguo, huyendo de la policía que ni siquiera nos perseguía, para acabar en uno de los famosos bares con reminiscencias comunistas pintadas en las paredes, y poder hacernos el primer beso. Porque esto sí lo teníamos: éramos románticos, pero no como nuestros padres o abuelos, sino románticos de veras, reales. Y esa misma noche nos íbamos a la cama, porqué habíamos hecho una gran labor luchando por lo que creíamos y se tenía que celebrar, y usábamos en presevativo, porque no nos daba miedo el embarazo sino el SIDA, y no utilizar el preservativo sólo formaba parte de los que no habían recibido educación sexual. ¡Ah! Y esto pasaba después de habernos saltado una gran máxima:
- Yo no soy de las que se van a la cama en la primera cita.
Y con este compañero de la Universidad éramos capaces de estar como mímimo un año (¡un año!). Y paseábamos por el barrio, y nos encontrábamos a algún compañero de la escuela de cuando éramos pequeños que estaba casado y con dos hijos, que trabajaba descargando camiones y su mujer de cajera del supermercado y, aunque hubiera sido uno de los mejores amigos en la infancia, ahora saludábamos con cierta superioridad, porque nosotros íbamos hacia la cena del paso del Ecuador para organizar la gran juerga de fin de curso.
Y después de esta juerga lo dejaríamos estar, porque es mejor conocer otras personas, somos demasiado jóvenes y con demasiadas ganas de vivir y de cosas por hacer. Y se estaba una semanita un poco hecho polvo, pero a la semana ya te estaba llamando aquel con quien te has estado mirando y sonriendo en silencio durante todo el curso y que el día de la gran juerga te había preguntado:
- ¿Aún estás con ese?
Y, seguramente, quedarías un día y te irías a la cama con él, y saldrías un tiempo y después lo dejarías estar.

dimarts, 8 de novembre de 2011

Mi inseminación (16): La tía cotilla que todos tenemos...

Otro ejemplo, de índole diferente: también hoy en día, seas hombre o mujer, en esto no hay distinciones, todavía hay que oír, en la boda de algún hermano, primo o amigo:
- ¿Y tú cuándo? - acompañado de un buen pellizco de mofletes por parte de la tía lejana, o cercana, que sólo ves por Navidades, que encima es soltera y no ha tenido hijos.
Pero como formamos parte de la generación que somos respetuosos con la gente mayor, callamos, forzamos una sonrisa y hacemos ver que nos llaman al móvil o que hemos visto un conocido que hacía siglos que no veíamos. Y entonces nos quedamos pensativos, reflexionando, y empezamos el famoso discurso que hace tiempo vamos preparando:
- Pero si yo estoy bien así. Tengo libertad, un buen trabajo, y mi madre aún me hace la cama. Mi padre me ayuda si no llego a final de mes y soy la mar de feliz – mal vamos cuando alguien dice que es feliz. Hay momentos de felicidad, pero cuando las personas tienen la palabra "felicidad" en la boca a veces significa que no se es mucho.
y un buen día lo llegas a decir de manera muy continua:
- Soy feliz así, estoy la mar de bien.
Y la tía de turno se te queda mirando como diciendo:
- Je, je, je, no te lo crees ni tú.
Y en la siguiente boda donde está la tía, has podido convencer a un amigo, bien, de hecho le has tenido que comprar el traje, que te acompañe, y la tía te dice, sin pensarlo:
- ¿No estabas tan bien de aquella manera?
Y te entran unas ganas de decirle de todo, pero recouerdas que somos la generación de los respetuosos con la gente mayor...

dilluns, 7 de novembre de 2011

Mi inseminación (15): El respeto (o la falta de) hacia la mujer

Supongo que en el fondo los que mandan no nos acaban de dar la libertad que pregonan para ganar las elecciones, y las malas transmisiones familiares en el respecto hacia la mujer, transmitir los malos hábitos de la mujer sumisa, obediente del marido, que tiene que cuidar de los hijos... ¿que no van a la escuela los hijos? Por supuesto que dejar en una guardería los primeros años de vida de una criatura es difícil, pero es lo que hay, y para esto se han creado.
Yo conozco algún hombre así, desgraciadamente. Hombres de mi edad. Hombres que se piensan que las mujeres son una propiedad, un objeto, una esclava o vete a saber qué, y se sienten con el derecho de coger el teléfono móvil y decir esto:
- “Cariño, estoy corriendo, ¿te importa ir a casa a por una toalla y traérmela al gimnasio?”
O:
- Querida, ¿me pelas la manzana que yo no sé?
O:
- ¿Puedes intentar tener la comida caliente cuando yo llegue de trabajar?
Incluso conozco hombres que le dan como una semanada a la mujer y, si la mujer necesita más, tenerlo que justificar. Parece mentira, pero es así, así de triste que estas cosas pasen hoy en día.
Son sólo un ejemplo de frases y cosas que yo he oído y visto, totalmente irrespetuosas. Si esto forma parte de un pacto entre los dos integrantes del matrimonio, sinceramente, no lo entiendo.

divendres, 4 de novembre de 2011

Mi inseminación (14): Machismo en pleno siglo XXI

Por otro lado, un ejemplo de este choque entre el ayer y el hoy: ¿como es que hoy en dia todavía hay jueces que dejan el marido en la calle, en caso de divorcio, y a la pobre mujer con un ataque de cuernos, llorosa ella, con una pensión que qué más quisieran algunos que aún trabajan con el salario mínimo interprofesional? A ver, ¿lo que queremos no es independencia económica, no ser mantenidas por el marido? ¿O es que aún no hemos superado esta fase? ¿Cómo es que aún hay chicas de nuestra generación que van a la “caza”, y lo dicen y se quedan tan anchas, que lo que quieren es un hombre que las retiren, y vivir la buena vida? ¿Retirarse con 40 años? ¿Qué demonios es la buena vida? ¿Cómo es que en pleno siglo XXI conec chicas de entre treinta y cuarenta años que se casaron relativamente jóvenes y sus maridos decidieron (o lo decidieron entre los dos, dicen) que con su sueldo (del marido) era suficiente, que ellas mejor que tuvieran el cuidado de sus hijos y de la casa?
¿Qué ha pasado con estas mujeres cuando a los maridos no les ha ido tan bien? Que han tenido que ponerse a trabajar en trabajos mal pagados porque la mayoría sólo tienen los estudios básicos, que las pasan canutas porque hace años que están fuera del mercado laboral y se aturden y piensan que no saldrán de esta. ¿Puede ser que aún haya maneras de pensar machistas (yo considero estas actitudes machistas) que no fomentan precisamente la autoestima de la mujer, sino bien al contrario. Hemos alcanzado, gracias al esfuerzo de grandes mujeres del pasado y de grandes hombres que se lo permitieron y las ayudaron en épocas difíciles, el acceso a los estudios y al mercado laboral, así como otros derechos de las mujeres. Todo el mundo sabe que aún queda mucho por hacer. Pero ves en gente de tu edad estos comportamientos y piensas: ¿dónde está aquí la gran labor de feministas, las reales, las de verdad?

dimecres, 2 de novembre de 2011

POLÍTICOS EN EL FACEBOOK

Me hice seguidora de un político que voté en las últimas elecciones. Fue el típico voto de castigo, para que no salga otro partido, que se gira en contra: todas las esperanzas depositadas desaparecen de un plumazo a golpe de recortes.
Confías en su página de Facebook, en que alguien lea tu disconformidad, aunque sea su becario. Te contesta (quien sea, pero en su nombre) con muy buenas palabras (palabras de políticos), o sea, bla, bla, bla.
No cambia nada, la cosa va a peor.
Van pasando los meses y los ánimos se van caldeando. Quien fuera que gestionara la página se convierte en un censurador digno de la mejor época del franquismo. Los ánimos siguen caldeándose.
La página de este político se convierte en una especie de guerra entre seguidores: los que están en contra de lo que hace divididos en gente que habla educadamente y con respeto y los que llegan a la agresión verbal, al insulto y a colgar bulos, y los que están a favor, algunos con educación, algunos defendiendo lo indefendible, algunos con un peloteo penoso (“qué bonita la corbata”, “qué guapo en la foto”, “cuanto trabaja, debe estar muy cansado”…), algunos con toda la mala educación del mundo y algunos rozando un comportamiento casi sectario.
Estos últimos días he notado que el censurador o está de vacaciones, o se conecta poco, o es un infiltrado que le aprecia poco, porque se han borrado mensajes que no eran censurables porque eran respetuosos y se han mantenido mensajes que directamente insultan.
Esta página ahora resulta un tanto PATÉTICA, así, en mayúsculas. Si este político ya había perdido mi voto, ahora ha perdido mi respeto.
Y, desde mi humilde punto de vista, aconsejaría a los políticos que no se hicieran perfiles públicos y, si lo hacen, que los controlen y, de paso, que controlen todas las bochornosas páginas que brotan con sus nombres. En caso contrario, pueden perder la poca credibilidad que les queda.