dimarts, 31 de gener de 2012

La Ramona

Por las calles del Raval iba cada día la Ramona con su capazo: a la carnicería, a la pescadería, a la bodega, a la frutería. Algún día se acercaba al Mercado de San Antonio, pero normalmente “hacía barrio”, como decía ella misma: calle Carretes, calle Sant Pacià, calle Aurora...
-         ¿Dónde vas tan de prisa, Ramona?
-         ¡He dejado a mi madre y al Francisco en casa!
Siempre pendiente de los otros, de sus enfermos, de sus hijos, de sus nietos, de los vecinos, de las amistades...
En verano, unos años hacia Montblanc, otros a la Espluga de Francolí, que su Francisco necesitaba el clima de estos pueblos de la Conca de Barberà; y se repetía la misma escena:
-         ¡Adios, ramona! ¡Dónde vas tan de prisa?
-         A hacer la comida para mi Paco!
Con los nietos, los veranos eran mejores, más entretenidos: dar de comer a los gatos, pasear, explicar historias, cantar canciones, jugar a las cartas, a juegos de mesa... Al igual que los fines de semana… ¡Y cómo cocinaba! Las patatas “envueltas”, la tortilla de patata, la carne rebozada, las patatas fritas con piñones... ¡no habréis probada nunca nada de parecido!
Y las navidades... “Queremos turrón, turrón, turrón...”
Hasta su “mal feo” (nunca pudo pronunciar la palabra “cáncer”; cosas de la edad, de los tiempos, de los tabús…) no la hacía desfallecer. La comía por dentro, pero:
-         ¿Quiere que te ayude, Ramona?
-         ¡No, no hace falta, gracias!
Y su “mal feo” se la llevó, por siempre jamás. Ya no volveríamos a escuchar su peculiar risa, ni veríamos su sonrisa, ni besaríamos su amable cara, ni miraríamos esos ojos empequeñecidos detrás de sus gafas de visión progresiva... La Ramona, de piel de aceite de oliva, ojos de chocolate negro y cabellos de color de la ceniza, de andar acelerado y siempre alegre, aunque la procesión fuera por dentro, se fue para siempre, con su Paco y su madre Catalina, pero se quedó en los corazones de muchos.
¡Cuántas Ramonas han habido, hay y seguirán habiendo al largo de la historia! Mujeres luchadoras y sacrificadas. Mi abuela fue una de ellas, y estoy muy orgullosa de ello.

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