dijous, 6 de setembre de 2012

Ahora es lo que toca

El otro día leía que no sé qué político de no sé dónde lo pasaba muy mal, porque no llegaba a final de mes, cobrando más de 5.000 euros al mes. Aún se me empañan los ojos cuando lo pienso. Me recuerda al comentario de una trabajadora de la empresa donde he estado trabajando hasta hace muy poco, que debía cobrar casi lo mismo, que en el entorno de un despido de 6 personas y con los que se quedaban (socios, mayoritariamente) reduciendo el sueldo, soltó, casi llorosa: “Yo este verano ya me he sacado la mujer de la limpieza, por lo que pueda ser”. La misma sensación, se me saltan las lágrimas.
No tengo muy claro si es que hay gente que vive en una burbuja, no ve o lee las noticias o si directamente es cortita. Porque con la que está cayendo, hacer este tipo de comentarios… si lo piensas, mejor te lo callas.
La situación es grave, hay que mirar el futuro con optimismo, pero es grave. Ya sabemos todos que ha estallado la burbuja inmobiliaria, que los bancos son unos chorizos... Yo también sé que hay gente que ha estirado demasiado la cuerda, que se ha arriesgado, que ha vivido por encima de sus posibilidades, pero otra mucha gente no ha tenido un comportamiento de riesgo y las está pasando canutas.
Si se conoce un poco de historia, en esta vida todo son ciclos, y este ciclo de crisis pasará. El problema es que no tenemos los gobernantes adecuados, y es un gran problema. Así que, como en otros períodos históricos, buena parte del problema está en nuestras manos, en la sociedad. Y si hay que hacer una revolución, pacífica, pues tampoco sería la primera vez.
Yo encaro este período con optimismo. Estar en un ERE creó un malestar enorme en la empresa donde estaba. He pasado noches enteras sin dormir porque unos abogados nos dijeron que podríamos estar meses sin cobrar. Psicológicamente, a mí esto me costaba mucho llevarlo. Pero al final todo acabó humanamente, porque en el fondo cuando ves que se mira por la gente, para que salga lo menos perjudicada posible, se agradece. No todos los empresarios son ogros. Yo respecto y agradezco muchas cosas a mi exjefe: he trabajo muy a gusto excepto los últimos meses, ha comprendido muchas decisiones personales que he ido tomando… no todo el mundo lo hace.
Encaro esta nueva etapa con ganas. Tengo ganas de volver a formarme (más, si cabe, aunque el saber no ocupa lugar) y de tener nuevos retos. Y creo que con ganas se pueden conseguir las cosas mucho mejor que con apatía y quedándote en casa quejándote.

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