dijous, 29 de desembre del 2011

Mi inseminación (41): ¿Lo estoy o no lo estoy? ¡Esta es la cuestión!

Así de claro. Te piensas que la inseminación ha fallado. Te pones de un mal humor increíble. Pero aquel fin de semana pasa... y no te viene la regla. Sigues, durante los días siguientes, con los pechos muy sensibles, con dolor, un dolor que no conoces, pero hay personas que te dicen que esto puede ser el síndrome premenstrual. Y como nunca antes te has inseminado, crees que quizás la medicación te está dando estos síntomas.
- Bien, según las estadísticas, tampoco es fácil quedarte a la primera – te consuelas pensando -. Lo volveremos a intentar. Como mínimo, ya sé de qué va.
Los días siguen pasando y ya estamos en el día que te tiene que venir la regla. Pero no te viene. Cada vez que vas al lavabo te bajas la ropa interior con temor a la temible mancha. Pero no  está. Y aquel sábado, de aquella maravillosa semana, te despiertas, vas al lavabo (que cada vez es más frecuente), vuelves a la cama y piensas:
- Estoy embarazada.
Te pones la mano en la barriga y lo piensas, no sabes por qué. Una intuición, una sensación, lo que sea, pero lo piensas. Pero, siguiendo órdenes médicas, todavía tienes que esperar unos días para hacerte la prueba. Y durante estos días es una lucha entre saber interiormente que estás embarazada y los miedos que una misma se impone: a ver si será un embarazo psicológico, a ver si me vendrá la regla cuando menos me lo espere... Pero llega el día de hacerse la prueba.

dimecres, 28 de desembre del 2011

Mi insemnación (40): ¿Que hay alguien aquí dentro?

Todo el mundo te vendrá a ver hacia el atardecer aquella tarde, pero quieres comer tranquila y estar un ratito sola. Acabas de comer, y como todavía queda rato para que te vengan a ver, pues vas al sofá. Y como un acto reflejo: ¡piernas arriba! Sabes que es una tontería, pero “estás más cómoda” con las piernas arriba. Total, nadie te ve... Empiezan a llegar las visitas, y como las primeras son de confianza, ¡sigues con las piernas arriba!
- Es como un acto reflejo - piensas.
- Estoy mejor así - acabas diciendo.
Después ya viene más gente, y ya no queda muy bien que los invitados estén sentados y tú con las piernas en alto. Y te sientas como ellos, un poco inquieta porque no puedes levantar las piernas. Suerte que no quieren molestar mucho y no tardan mucho en marchar. Mira, pues a volver al sofá y... ¡piernas arriba! Qué postura más cómoda... Mientras cenas, te sientas como una persona normal, entre otras cosas porque no quieres que te siente mal la cena, pero después te relajas... con las piernas arriba. Y por la noche duermes con un par de almohadas bajo las piernas, para que se mantengan elevadas. Bien, tampoco haces daño a nadie, ¿no?
Y al día siguiente te despiertes con una sensación agradable (dejando a un lado el dolor de cabeza que tienes); es lo primero que piensas: lo he hecho, quizás ya se está formando un embrión, se ha fecundado.
Pasas el día relajada, te has pedido fiesta en el trabajo, a pesar de que ya puedes hacer vida normal. Pero te lo tomas con calma.
Te estiras en la cama, te tocas la barriga, y piensas:
- ¿Habrá alguien?
Al día siguiente vas al trabajo, te sientes diferente. De hecho, el día antes de la inseminación, cuando sales del trabajo, sabes que cuando vuelvas al cabo de dos días, estarás diferente, te habrán hecho una inseminación y quizás estarás embarazada; vas de camino al autobús, te vas fijando en las tiendas, vas marcando los pasos, coges el autobús, coges el tren, sabes que el próximo día que lo hagas algo habrá cambiado en ti.
Y todo el mundo te pregunta como estás, cómo ha sido el proceso... Y van pasando los días. Y justo diez días más tarde, porque te lo han hecho un martes y sabes muy bien cuántos días han pasado, te encuentras un viernes que tienes un mal de menstruación como nunca lo has tenido, y piensas:
- Mierda.

divendres, 23 de desembre del 2011

Mi inseminación (39): ¡Ya está, ya me han inseminado!

¡Y ya ha llegado el día! Vas sola, pero tu hermana y el padre de tu cuñado te vendrán a buscar. Estás analizando, para variar, todas las personas que hay en la sala. Hoy todo son parejas.
- Estarán para inseminarse, ¿también? ¿Qué deben de pensar ellos de mí? – iba pensando, supongo que también para calmar un poco los nervios, que son del todo inevitables. Son aquellos nervios mezclados con cierta euforia.
Había una pareja que parecía francamente cansada. Ella se había sacado, incluso, los zapatos, ponía los pies sobre el sofá, y se apoyaba en su compañero para dormir. La primera idea que te viene a la cabeza es que un poco mal educada sí parece, la verdad, en una clínica como esta estás acostumbrada al buen comportamiento, al buen saber estar. Pero reflexionas un momento y piensas en qué debe de estar pasando esta mujer para estar tan cansada, y quizás es que lleva ya muchas visitas, muchos tratamientos, quizás tiene problemas importantes. Y decides dejar de mirar. No es tan fácil juzgar a la gente en el tema de los tratamientos de reproducción asistida; tampoco te gustaría que te juzgaran a ti.
Sigues en la sala de espera, feliz y un poco nerviosa (como es muy normal)... y ves aparecer a tu hermana y al padre de tu cuñado.
- ¿Que no me teníais que venir a buscar?
- Ya no podíamos esperar más.
Y en pocos minutos ya te llaman:
- Ya puede pasar.
Vas camino de la consulta, como flotando. Entras en la consulta donde te harán la inseminación. Una ecografía de rigor, que todo esté correcto... y te enseñan el tubito, la probeta. Allí está. La semilla para engendrar. Piensas en cuando eras pequeña y te explicaban la historia de la abeja y las flores. Piensas en todos los que no podrán verte como madre, todos los que ya no  están: padre, abuelos, amigos que ya no  están. Deseas que te lo hagan todo muy bien, que el contenido del tubito no se desaproveche. Y entre pensamiento y pensamiento, ya ha pasado el proceso. Te dejan un rato estirado en la camilla, te van preguntando si todo va bien, y al cabo de unos minutos ya te puedes vestir. Unas últimas instrucciones del tratamiento, ¡y hacia casa!
¡Ya está hecho! ¡Ya estás inseminada! Es una sensación única, diferente, inexplicable. Vas a tomar algo con la familia que ha estado allí, estás bien, te sientes súper bien. ¡Y hacia casita!

dijous, 22 de desembre del 2011

Mi inseminación (38): ¡Al final me he pinchado! Ah... ¡control de ovulación!

Y ya está, otro prueba superada, y te encuentras con el primer control de ovulación, para saber qué medida tiene el folículo. 14 mm, ya queda poquito (te han explicado que tiene que llegar a unos 20 mm). “Pero tendrás que pincharte alguna vez más”. Este día lo recuerdo como un poco decepcionante, porque creía que ya me dirían qué día me harían la inseminación, y un poco angustioso, porque me tenía que pinchar y ya no tenía los permisos por ningún centro de atención primaria.
Así que no tienes más remedio que pincharte tú. No tienes ninguna otra alternativa. Te mires el cd un par de veces más y, a continuación, ya estás preparando el material. Y no te  has dado cuenta que ya te has clavado la aguja y, encima, lo has hecho perfecto, sin que corra la sangre. ¡Viva! La gente no se lo creerá, pero ya sabes pincharte. Y algunos no se lo creen. Bien, qué le haremos, pero tú te  das cuenta que desde aquel momento tienes que empezar a ser fuerte en algunas cosas, porque todo esto lo haces para ser madre, y te tendrás que enfrentar a muchos problemas. Cuando los médicos te están dando una medicación para que tú te la pongas es porque estás capacitada para hacerlo. Y así fue, lo aprendí tarde, pero lo aprendí. ¡Y ya no me dan miedo las agujas!
Dos días más tarde, otro control de ovulación.
- Todo correcto, 17 mm... tal día te haremos la inseminación – te dice la doctora que te atiende después de la ecografía de control de ovulación.
Te dan un nuevo tratamiento, también de pincharte, y no te importa, porque ya eres una experta... Y sales de la clínica casi saltando y chillando, llamando a todo el mundo para dar la noticia. Ya es un hecho. Un día y una hora, concretos. Tres días más tarde que el segundo control de ovulación. Cómo pasa el tiempo de rápido... Piensas un poco y entre la primera visita al médico y el día de la inseminación han pasado sólo dos meses.

dimecres, 21 de desembre del 2011

Mi inseminación (37): ¡Tema agujas superado!

Aquella noche, ya más tranquila, te miras el cd. Parece fácil, lo puedes hacer... Pero al día siguiente sigues con tus dudas. Y como no quieres dar más vueltas al tema, decides que para algo sirven los Centros de Atención Primaria. ¿Qué problema tenemos? Que vives en un pueblo y trabajas en la ciudad. Y, según tus cálculos, los días señalados para pincharte caen en laboral y festivos. Pues nada, a pedir permisos en dos centros, al de la ciudad y al del pueblo. Y como el tema este de la inseminación provoca mucha sensibilidad, pues no te ponen ningún tipo de problema y te desean mucha suerte.
Llega el día que te viene la regla. Pero no te viene mucho, y el médico te dijo que llamaras cuando te viniera del todo, cuando “ya está allí”. Al día siguiente te levantas deseando que te haya venido bien la regla (¡es la primera vez que quieres que te venga la menstruación en cantidad!). Y sí, ya parece una regla normal. Llamas a la consulta bien temprano, te llama la enfermera más tarde, le dices que ya la tienes, pero que de hecho te ha venido el día anterior, pero poca cosa, como marrón (das todo tipo de información detallada), la enfermera consulta con el médico, el médico dice que el día anterior no cuenta, que cuenta desde el día que estás llamando, que ya es menstruación, ellos se ponen en contacto con el banco de semen, y te recuerdan qué días te tienes que inyectar la medicación, la cantidad de medicación que te tienes que poner, y te dan hora para el primer control de ovulación.
Y así va ocurriendo todo. El tercero y cuarto día del ciclo vas al CAP del pueblo donde vives para que te pongan las inyecciones, el quinto y sexto vas al CAP de Barcelona, y el séptimo vuelves al del pueblo (es festivo).

dilluns, 19 de desembre del 2011

MI inseminación (36): ¿Agujas? No, gracias... ¡Pero yo soy muy fuerte!

Y nos encontramos, días más tarde, otra vez en la consulta del médico, para que evalúe cómo han ido las tres pruebas. Dos las llevas tú y sabes que han ido la mar de bien. La otra, la analítica, la tiene el médico, pero tienes la intuición que todo ha salido bien. Y sí, no te equivocas, todo correcto. Y observas al médico que va mirando todos los resultados y dice:
- Esto está muy bien.
Y ya sabes que la inseminación es inminente.
Te explica cómo funcionará todo. Te da una carpeta con todo tipo de explicaciones y detalles, y te explica cómo irá todo. De hecho, tú ya te has mirado y remirado mil veces la página web de la clínica y las informaciones que hay en la sala de espera. Sabes que la técnica para la inseminación con semen de donante es sencilla, indolora, sin anestesia; el día de la inseminación, el semen se procesa y se deposita en el útero. Tan sencillo como esto.
El médico mismo te llena la ficha del banco de semen con todos tus rasgos físicos y grupo sanguíneo. El objetivo es que el donante se ajuste a los caracteres propios de la madre, para que la criatura se asemeje lo más posible. Me ha sorprendido mucho que hay gente, un poco ignorante desde mi punto de vista, que me ha dicho:
- ¡Qué lástima! ¿No podías escoger tú los rasgos físicos del donante, y así poder tener una criatura con rasgos exóticos?
Son aquel tipo de comentarios que te dejan sin palabras, como si esto se tratara de un juego o de “crear” criaturas. En fin...
El médico también te detalla el tratamiento. Cuando te viene la regla tienes que llamar, el primer día, para poder dar aviso al banco de semen con tiempo, y te da unas recetas y una caja que contiene un set. Son inyecciones. Y tú no eres muy amiga de las agujas. Pero no pasa nada. El set también contiene un cd explicativo, y si el resto de mujeres puede pincharse, tú también. Aparte, te da un complejo multivitamínico que tienes que empezar a tomar cuando te acabes el ácido fólico (yo, previsora, fui un día al centro de atención primaria y mi doctora de cabecera me recetó ácido fólico cuando le expliqué que quería ser madre; en mi primera visita a la clínica, el médico me dijo que había hecho muy hecho, puesto que es muy importante para evitar malformaciones y abortos espontáneos). Se despide de ti con un apretón de manos. El médico está contento, y tú también.
Sales de la clínica más contenta que unas castañuelas. Pero el tema de las agujas...

divendres, 16 de desembre del 2011

Mi inseminación (35): Tercera prueba: Histerosalpingosonografía

Pues ya tenemos los resultados de la segunda prueba en las manos, todo correcto, y a esperar a la tercera. En esta también hemos hecho uso de Internet para saber de qué va y, por lo que leemos, decido ir acompañada... por si acaso. Repito, es un error mirar depende de qué en Internet, pero tuve que leer unas cuántas barbaridades algunas veces para dejar de hacerlo.
Volviendo a la prueba, al final quien te acompaña es tu hermana, que no conduce y, encima, está de baja por dolor de espalda. Pero es un buen apoyo moral. Y allí estás el día de la prueba, firmando un papel, el consentimiento, por si pasa algo. En esta prueba te tienes que aguantar las ganas de ir al lavabo y, claro, cómo no tenía que ser, sólo haces que pensar en ir al lavabo. La enfermera y la doctora te preparan y te explican de qué va la prueba.
- Es cómo cuando tienes el dolor de regla, pero algo más fuerte.
Y tú piensas:
- Que bien... yo no tengo dolor de regla...
Aparte, el día anterior al atardecer te has tenido que tomar un sobre de antibiótico que no te ha caído muy bien, la verdad. Tienes dolor de estómago y lo comentas:
- El antibiótico no me ha caído muy bien – dices, sin entrar en muchos detalles.
- Algunas pacientes nos lo han comentado. En algunos casos nos han hablado de diarreas y vómitos.
- Yo vomitar no lo he hecho.
Creo que queda claro.
Haces el intento de relajarte que te piden, te van explicando, lo llevas bien... y de repente te entra un mareo y unas ganas de vomitar que no puedes con ellas. Y la mujer con aguante y fuerte que llevas todo el rato demostrando da paso a una mujer a punto de llorar que avisa, contra su voluntad, que se está mareando y tiene ganas de vomitar. Aguantas algo más, pero:
- Me están entrando ganas de vomitar, tengo como un mareo.
La enfermera y la doctora se preocupan y paran de inyectarte el líquido, con la tranquilidad de que te explican que como las trompas no están obstruidas y el líquido pasa perfectamente sin mucha presión la prueba ya ha finalizado. Al dejar de inyectar el líquido, te vas encontrando mejor. Te dan un antiinflamatorio, y se aseguran que estés del todo bien antes de dejarte levantar. Los nervios ya han pasado, la prueba ha salido bien (la tienes en tus manos, la última prueba) y a descansar el resto del día. Vas corriendo (no literalmente) al lavabo a hacer un pipí y a cambiarte, y te vistes.
Además, un comentario de la doctora, te anima del todo:
- Está todo muy bien. ¿Hace mucho que lo intentas?
- No, es mi primer intento; soy madre soltera.
- Que tengas mucha suerte - te responde la doctora, con una sonrisa y un apretón de manos.
Y marchas de la consulta dando las gracias tanto a la doctora como a la enfermera, agradeciendo la información y que te hayan tratado tan bien. Y a partir de este día te solidarizas con todas las mujeres que tienen mucho dolor de regla y que tú siempre has pensado que son unas exageradas.