Mi hija va a hacer cuatro años (sí, pasa muy rápido), y hay una cosa que no cambia con el tiempo: el tema de la intimidad, sobre todo en el cuarto de baño. Desde que gateaba, me iba al lavabo... y ya la tenía dentro! Hiciera a hacer lo que fuese, allí estaba... Y sigue estando. La diferencia es que ahora me da conversación. Se sienta en el suelo, o en un taburete y venga a hablar con los codos. Y cuando va ella, no os penséis, también quiere conversación, normalmente la misma: qué me gusta para comer, qué haremos el sábado, si hoy hay cole, etc, etc.
Que quieres tomarte un baño relajante y durante 10 minutos pensar absolutamente en nada? Ves que está jugando, o leyendo, o mirando los dibujos... Diez minutos te dices, sólo diez minutos. te escabulles de puntillas, preparas la bañera, te metes... y ya escuchas como se abre la puerta lentamente, se arremanga... y nada, que te quiere enjabonar, lavar el pelo, frotar la espalda, explicarte mil historias... y dices, bueno, pues relájate en otro momento... un otro momento que nunca llega.
Y, bueno, qué decir de ese momento que la ves en su habitación, totalmente entretenida con el restaurante de las Barriguitas, te vas a la cocina, y picoteas unas patatas fritas, o algo de bollería industrial, vamos, todo eso que no le dejas comer a ella, y de repente, con un susto de muerte y una vergüenza horrorosa, escuchas una vocecilla que dice: "mama, qué comes?" Y tu ahí tragando rápido, casi ahogándote, le dices que no comes nada, y ella insistiendo, que abras la boca... y se pone la mano en la cintura y te dice: "esta mama...".
Pero bueno, aunque haya escrito esto en un tono jocoso, ojalá dentro de unos años, cuando mi hija esté entrando en la adolescencia, pueda seguir "quejándome" de la falta de intimidad, y me siga explicando sus cosas...
divendres, 7 de març del 2014
dimarts, 11 de febrer del 2014
Maldito azar (violencia de género)
Tenía diecisiete años cuando tropecé contigo a la
salida del trabajo. Tus enormes ojos azules, tu largo pelo negro y la aparente
madurez de tus treinta y dos años hicieron que me enamorara al momento. Pensé
que no te volvería a ver, pero al cabo de tres meses cruzamos nuestras miradas
en el autobús. Y tres semanas más tarde coincidimos en una discoteca. Desde
entonces no nos volvimos a separar. Íbamos juntos a todas partes. Mis amigas me
decían que me absorbías demasiado, y yo te lo contaba, pero según tú mis amigas
sentían envidia. Yo estaba encantada contigo, muy enamorada, me sentía
protegida y querida. Tus celos de otros chicos no me molestaban, al revés, me
sentía aún más amada. Y tenías razón: mis amigas no lo entendían. Y yo les dejé
muy claro que o te aceptaban o me perdían, porque ibas a ser el hombre con el
que compartiría el resto de mi vida.
Todo iba muy rápido, a una velocidad de vértigo.
Al cumplir los dieciocho años me pediste que me casara contigo, y todo el mundo
estuvo encantado con la noticia. Menos mi madre.
Yo le explicaba que eras perfecto para mí, que el
destino quería que estuviésemos juntos, que un cúmulo de casualidades nos había
llevado a estar juntos. Que era lo que siempre había soñado, desde pequeña, desde
que leía los cuentos de princesas. Que nunca había conocido un chico como tú.
Que eras mi primer y único amor.
Y ella me decía que no le hiciera caso, que eran
los nervios de la boda y un poco de tristeza de que me fuera de casa. Nunca me
dijo que lloraba todas las noches porque tenía un mal presentimiento.
La boda fue perfecta, el viaje de novios perfecto.
Al regresar me pediste que dejara de trabajar, porque pronto vendrían los
niños. Pero los niños no llegaban. Y te ponías nervioso. Vino el primer insulto,
los primeros reproches: “¿No sirves ni para eso?” Y luego la primera paliza.
Me fui con mi madre, me refugié en sus brazos;
ella se sentía culpable, pero no era culpa suya, en todo caso era mía, así lo
veía entonces. ¿Cómo no pude darme cuenta de cómo eras?
Tu madre murió, y nos reencontramos en su
entierro; era una buena mujer, que había sufrido mucho, sobre todo con lo
nuestro. Me pediste perdón, y volví contigo. Mi madre me suplicó que no lo
hiciera, que nos fuéramos juntas a otra ciudad. Pero te vi tan arrepentido, con
ganas de curarte, de ir a terapia, de querer hacer las cosas bien…
Nunca fuiste a terapia. Me mentiste una vez más.
Ni me trataste mejor, ni cambiaste; seguías insultándome, vejándome,
humillándome… Otra paliza me llevó al hospital. Mi madre vino a por mí, y me
llevó a otra ciudad, a casa de una pariente. Mi padre, ya jubilado, se reuniría
con nosotras en pocas semanas, cuando hubiera arreglado unas cosas, y
buscaríamos un sitio más seguro. En esas semanas me di cuenta de que estaba
embarazada. Y esto me dio esperanzas, un poco de alegría por una nueva vida,
una vida tranquila, con mis padres y mi bebé. Tenía que pasar página, tratar de
olvidar. Tenía que seguir adelante, por mis padres, por mí, pero sobre todo por
mi bebé. Estudiaría y me prepararía para poden encontrar un buen trabajo, que
mis padres ya habían hecho suficiente. Les debía mucho. Estaba muy ilusionada
con mis planes.
Pero nos encontraste.
Y ahora, desde donde estoy, te veo con otra chica,
y me pregunto: ¿Pensará ella también que el azar ha hecho que os conocierais y
que eres el hombre de su vida? Pero yo no puedo ayudarla, me gustaría, pero no
puedo.
dimecres, 15 de gener del 2014
No van a poder conmigo (bullying)
"Había una vez una chica a la que le encantaba la Navidad… Bueno, esta chica soy yo. Aunque mi vida es un infierno desde que voy al instituto, la Navidad es lo mejor que me pasa en todo el año, mi ilusión, mi motor… Es mi referencia de saber que ha acabado un año y empieza otro, de que ya queda menos para acabar el instituto. Me siento arropada por mi familia, sobre todo por mis abuelos, porque mis padres creen que exagero con el tema, aunque tampoco les explico todo. Saben que me llaman “cerdita” y que me han dejado encerrada en los lavabos, pero no saben que me han dejado semidesnuda ante mis compañeros de clase, que me tocan donde no deberían, que me insultan, me pegan y me graban en sus móviles. Pero yo sigo deseando que estos chicos y chicas estén también con sus abuelos, les den mucho cariño y, a la vuelta de las fiestas me dejen en paz, porque hayan comprendido que es mejor dar amor que hacer daño a la gente. Y sé que volveré con miedo, y que posiblemente no habrán cambiado mucho las cosas, y volveré a tener pánico y ansiedad, pero entonces pensaré que ya queda menos para las próximas Navidades, y volveré a tener ilusión y esperanza, porque esto sí que no voy a permitir que me lo quiten."
dijous, 28 de novembre del 2013
Hay que ser sincero?
Tenía un profesor en la Universidad, un gran antropólogo, que decía que una cosa es ser sincero y la otra un imbécil.
A veces uno tiene un poco de confusión entre la sinceridad, la diplomacia, el quedar bien... creo que ni con los años es fácil. Porque si le digo a alguien "Vaya chaqueta más fea y horrorosa que llevas" quizás estoy siendo sincera, pero también borde, porque a mí, ¿qué más me da la chaqueta que lleve?
Otra cosa es la sinceridad, o la diplomacia, cuando uno, o los suyos, se sienten atacados. Aquí ya puede salir la bestia que todos llevamos dentro. Y el problema es que hay gente que no entiende, o no quiere entender. Hay gente que no capta una indirecta, no capta los mensajes, no capta el lenguaje gestual... ¿He sido borde algunas veces? Muchísimas, y la persona en cuestión hasta ha llegado a desaparecer... pero ha vuelto... ¿Masoquismo? Ni idea. Otras veces, sin ser tan borde, la persona se ha ofendido, incluso midiendo mucho las palabras, sobre todo en gente teatrera, con poca autoestima, falsa de narices... incluso me he llegado a preguntar si en todo este teatro estaba captando algo...
Uno también se conoce. Y con la edad, se va conociendo más. Y con la edad se va cansando más de gilipolleces. Y llega un punto que hasta cansa hablar, y tal como entra gente la sacas de tu vida. Yo en términos generales, con gente que me importa un pimiento, ya no me molesto mucho. Después de una segunda oportunidad, ya no hay tercera. Si se cruza conmigo estoy muy ciega, y si habla, muy sorda. Es la mejor manera que tengo para no molestarme en tener que oír que soy borde, o que no hace falta ser tan claro. No doy explicaciones, porque a la mayoría de los individuos e individuas que sobran en mi vida, no creo que les importe mucho las explicaciones, quieren estar por interés, y por ahí no paso. Que se busquen otras víctimas. No quiero gente tóxica a mi lado. No quiero fals@s aburrid@s y criticon@s, que normalmente tienen una vida pésima y tienen que intentar fastidiar la de los otros. Quiero ser selectiva, muy muy selectiva... y a quién no le guste, dos piedras... Es lo que hay!
A veces uno tiene un poco de confusión entre la sinceridad, la diplomacia, el quedar bien... creo que ni con los años es fácil. Porque si le digo a alguien "Vaya chaqueta más fea y horrorosa que llevas" quizás estoy siendo sincera, pero también borde, porque a mí, ¿qué más me da la chaqueta que lleve?
Otra cosa es la sinceridad, o la diplomacia, cuando uno, o los suyos, se sienten atacados. Aquí ya puede salir la bestia que todos llevamos dentro. Y el problema es que hay gente que no entiende, o no quiere entender. Hay gente que no capta una indirecta, no capta los mensajes, no capta el lenguaje gestual... ¿He sido borde algunas veces? Muchísimas, y la persona en cuestión hasta ha llegado a desaparecer... pero ha vuelto... ¿Masoquismo? Ni idea. Otras veces, sin ser tan borde, la persona se ha ofendido, incluso midiendo mucho las palabras, sobre todo en gente teatrera, con poca autoestima, falsa de narices... incluso me he llegado a preguntar si en todo este teatro estaba captando algo...
Uno también se conoce. Y con la edad, se va conociendo más. Y con la edad se va cansando más de gilipolleces. Y llega un punto que hasta cansa hablar, y tal como entra gente la sacas de tu vida. Yo en términos generales, con gente que me importa un pimiento, ya no me molesto mucho. Después de una segunda oportunidad, ya no hay tercera. Si se cruza conmigo estoy muy ciega, y si habla, muy sorda. Es la mejor manera que tengo para no molestarme en tener que oír que soy borde, o que no hace falta ser tan claro. No doy explicaciones, porque a la mayoría de los individuos e individuas que sobran en mi vida, no creo que les importe mucho las explicaciones, quieren estar por interés, y por ahí no paso. Que se busquen otras víctimas. No quiero gente tóxica a mi lado. No quiero fals@s aburrid@s y criticon@s, que normalmente tienen una vida pésima y tienen que intentar fastidiar la de los otros. Quiero ser selectiva, muy muy selectiva... y a quién no le guste, dos piedras... Es lo que hay!
dimecres, 20 de novembre del 2013
Sí, practico el colecho
¿Y qué?
Creo que casi todo el mundo es consciente de que, cuando tienes un hijo, a tu alrededor empiezan a florecer expertos en niños, psicólogos, doctores, comadronas... tu familia, amigos, entorno, el vecino de la calle que ni siquiera conoces... todos se creen con el derecho de aconsejarte, e incluso de juzgarte o criticarte, algunos desde su buena intención, otros desde su "sabiduría" suprema y todopoderosa...
Nunca he leído un libro sobre embarazo, aunque sí artículos y opiniones sobre algunos temas, que me llamaban la atención. Uno de estos temas es el de la crianza con apego, que incluye el colecho. Desde que nació mi hija es lo que mi intuición más me pedía: estar siempre con ella, enganchada a mi cuerpo, dormir con ella, cogerla siempre en brazos... Y he tenido que aguantar de todo: que si te toma el pelo (claro, un bebé de meses te va a tomar el pelo...), que si la vas a mal acostumbrar, etc etc etc...
Llevada por esta influencia, a veces la dejaba dormir en su moisés, luego en su cuna... aunque siempre acababa en mi cama. Recuerdo una noche que vomitó. La oí en seguida porque creo que los ratos que la dejaba en su cuna yo no dormía del todo. Esa noche pensé: ¿y si no la hubiera oído? Desde entonces siempre hemos dormido juntas toda la noche. Cuando cumplió 2 años le compré la cama "de niña grande". Le gustó mucho y algunos días de iba a dormir a su cama... pero se despertaba y se metía en la mía; lo hizo unos días y no lo ha vuelto a hacer. Le gusta dormir conmigo, y a mí con ella.
Y ya no me escondo. A quien no le guste, dos piedras. No es su problema. Se lo dije a la pediatra; en la reunión de ahora, de principios de curso, de P3, me lo preguntó la profesora, y se lo dije. Tampoco me hizo ningún comentario, lo respetó, que es lo que hay que hacer. Lo hablo con otros padres, y te das cuenta que muchos practican el colecho.
Mi hija no tiene ningún trastorno de sueño. Como hace unos meses, a los 3 años, le quité el pañal nocturno, ella lo que hace es que se levanta (no todas las noches), va al lavabo, vuelve, y sigue durmiendo, no se despierta para nada más. Cuando está un poco malita, se aprieta más y me busca, pero está tranquila. Creo que el único inconveniente que puede haber es el tema del espacio, porque si durmiendo ella y yo, yo acabo relegada a un rinconcito, ni me imagino lo que debe ser tres en la cama... o cuatro! Pero tampoco es un drama, una cama más grande, y punto...
Creo que cuando una es madre (o padres) deben hacer lo que sienten, lo que el instinto les pide, pensar en las necesidades del niño y adecuarlas a las necesidades de todos los miembros, informarse bien, y dejarse estar de lo que digan o piensen los demás.
Creo que casi todo el mundo es consciente de que, cuando tienes un hijo, a tu alrededor empiezan a florecer expertos en niños, psicólogos, doctores, comadronas... tu familia, amigos, entorno, el vecino de la calle que ni siquiera conoces... todos se creen con el derecho de aconsejarte, e incluso de juzgarte o criticarte, algunos desde su buena intención, otros desde su "sabiduría" suprema y todopoderosa...
Nunca he leído un libro sobre embarazo, aunque sí artículos y opiniones sobre algunos temas, que me llamaban la atención. Uno de estos temas es el de la crianza con apego, que incluye el colecho. Desde que nació mi hija es lo que mi intuición más me pedía: estar siempre con ella, enganchada a mi cuerpo, dormir con ella, cogerla siempre en brazos... Y he tenido que aguantar de todo: que si te toma el pelo (claro, un bebé de meses te va a tomar el pelo...), que si la vas a mal acostumbrar, etc etc etc...
Llevada por esta influencia, a veces la dejaba dormir en su moisés, luego en su cuna... aunque siempre acababa en mi cama. Recuerdo una noche que vomitó. La oí en seguida porque creo que los ratos que la dejaba en su cuna yo no dormía del todo. Esa noche pensé: ¿y si no la hubiera oído? Desde entonces siempre hemos dormido juntas toda la noche. Cuando cumplió 2 años le compré la cama "de niña grande". Le gustó mucho y algunos días de iba a dormir a su cama... pero se despertaba y se metía en la mía; lo hizo unos días y no lo ha vuelto a hacer. Le gusta dormir conmigo, y a mí con ella.
Y ya no me escondo. A quien no le guste, dos piedras. No es su problema. Se lo dije a la pediatra; en la reunión de ahora, de principios de curso, de P3, me lo preguntó la profesora, y se lo dije. Tampoco me hizo ningún comentario, lo respetó, que es lo que hay que hacer. Lo hablo con otros padres, y te das cuenta que muchos practican el colecho.
Mi hija no tiene ningún trastorno de sueño. Como hace unos meses, a los 3 años, le quité el pañal nocturno, ella lo que hace es que se levanta (no todas las noches), va al lavabo, vuelve, y sigue durmiendo, no se despierta para nada más. Cuando está un poco malita, se aprieta más y me busca, pero está tranquila. Creo que el único inconveniente que puede haber es el tema del espacio, porque si durmiendo ella y yo, yo acabo relegada a un rinconcito, ni me imagino lo que debe ser tres en la cama... o cuatro! Pero tampoco es un drama, una cama más grande, y punto...
Creo que cuando una es madre (o padres) deben hacer lo que sienten, lo que el instinto les pide, pensar en las necesidades del niño y adecuarlas a las necesidades de todos los miembros, informarse bien, y dejarse estar de lo que digan o piensen los demás.
dimecres, 13 de novembre del 2013
Quiero ser madre...
... y no puedo.
Sigo unas cuantas páginas de facebook sobre ser madre, sobre todo de madres solteras por elección. Es una alegría cada nuevo proceso, que las usuarias compartimos, unas preguntan, otras responden, todas aprendemos. Un positivo es una alegría enorme para todas. Pero, ¿qué pasa con todas aquellas mujeres que quieren y no lo consiguen?
Se me parte el corazón cada vez que leo que alguien abandona porque cada vez ve más lejos su sueño de ser madre, sea por el motivo que sea: un problema físico, un problema económico, incluso una ley que no está aprobada en nuestro país, como el de la maternidad subrogada.
Porque, ¿qué le dices a una mujer que se encuentra en esta situación? Evidentemente, palabras de apoyo, nos salen de dentro: descansa un tiempo, desconecta, ya lo volverás a intentar más adelante... Pero yo me pregunto, ¿cómo llegarían estas palabras a mí?
Es muy difícil ponerse en su situación, por mucha empatía que tengas. Cuando enterarte del embarazo de otra duele, porque tú no lo consigues, porque los médicos cada vez ven menos opciones, este dolor tiene que ser indescriptible. Porque ser madre no lo puedes aplazar para siempre.
Ahora bien, yo, como lo veo, y como soy, es un tema que casi siempre queda un rayo, aunque sea muy fino, de luz, de esperanza. Y vale más perder el tiempo luchando porque ese rayo sea una luz inmensa que caer en el negativismo más profundo. Puede que una ley se apruebe mañana, que el avance médico (como el trasplante de útero) esté a las puertas de nuestro país... incluso, por qué no, nos toque la lotería de Navidad (cada año le toca a alguien, ¿por qué no puedes ser tú?) y el problema económico deje de existir.
Yo ya soy madre, pero haré todo lo que esté en mi mano por ayudar, aunque sólo sea con firmas, para que cada vez haya menos impedimentos para ser madre.
Sigo unas cuantas páginas de facebook sobre ser madre, sobre todo de madres solteras por elección. Es una alegría cada nuevo proceso, que las usuarias compartimos, unas preguntan, otras responden, todas aprendemos. Un positivo es una alegría enorme para todas. Pero, ¿qué pasa con todas aquellas mujeres que quieren y no lo consiguen?
Se me parte el corazón cada vez que leo que alguien abandona porque cada vez ve más lejos su sueño de ser madre, sea por el motivo que sea: un problema físico, un problema económico, incluso una ley que no está aprobada en nuestro país, como el de la maternidad subrogada.
Porque, ¿qué le dices a una mujer que se encuentra en esta situación? Evidentemente, palabras de apoyo, nos salen de dentro: descansa un tiempo, desconecta, ya lo volverás a intentar más adelante... Pero yo me pregunto, ¿cómo llegarían estas palabras a mí?
Es muy difícil ponerse en su situación, por mucha empatía que tengas. Cuando enterarte del embarazo de otra duele, porque tú no lo consigues, porque los médicos cada vez ven menos opciones, este dolor tiene que ser indescriptible. Porque ser madre no lo puedes aplazar para siempre.
Ahora bien, yo, como lo veo, y como soy, es un tema que casi siempre queda un rayo, aunque sea muy fino, de luz, de esperanza. Y vale más perder el tiempo luchando porque ese rayo sea una luz inmensa que caer en el negativismo más profundo. Puede que una ley se apruebe mañana, que el avance médico (como el trasplante de útero) esté a las puertas de nuestro país... incluso, por qué no, nos toque la lotería de Navidad (cada año le toca a alguien, ¿por qué no puedes ser tú?) y el problema económico deje de existir.
Yo ya soy madre, pero haré todo lo que esté en mi mano por ayudar, aunque sólo sea con firmas, para que cada vez haya menos impedimentos para ser madre.
dimarts, 5 de novembre del 2013
Una de las nuestras?
Este fin de semana me comentan: "ha salido en la tele una de las vuestras". Ante mi cara de pasmada, me aclaran "sí, una de estas famosas que ha ido a una clínica, como tu". Vale, resulta que el viernes fue a un programa (que no me gusta en absoluto) una "famosa" que explicó su vida y miserias y dejó caer que quiere ser madre soltera.
A mí me parece muy bien que ella y otras, famosas, famosillas o anónimas sean madres solteras por elección. Pero por favor, que no me digan que es "una de las mías", porque yo no formo parte de ninguna secta, que es a lo que suena la frase.
No es la primera vez que me hacen un comentario de estos, y tampoco es la primera vez que tengo que aclarar que, por muy famosa o famosilla que sea una mujer que hace público que es o será madre soltera por reproducción asistida, no siempre me siento identificada con esta mujer, ni me hace sentir mejor, ni especial, ni nada de nada. Yo tomé una decisión en solitario, igual que miles de mujeres, solas o en pareja.
Y si tengo que poner en una balanza modelos de mujer, mujeres que admire, habrá alguna famosa, pero muchas más anónimas...
A mí me parece muy bien que ella y otras, famosas, famosillas o anónimas sean madres solteras por elección. Pero por favor, que no me digan que es "una de las mías", porque yo no formo parte de ninguna secta, que es a lo que suena la frase.
No es la primera vez que me hacen un comentario de estos, y tampoco es la primera vez que tengo que aclarar que, por muy famosa o famosilla que sea una mujer que hace público que es o será madre soltera por reproducción asistida, no siempre me siento identificada con esta mujer, ni me hace sentir mejor, ni especial, ni nada de nada. Yo tomé una decisión en solitario, igual que miles de mujeres, solas o en pareja.
Y si tengo que poner en una balanza modelos de mujer, mujeres que admire, habrá alguna famosa, pero muchas más anónimas...
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